Los Amables Extraños
Julia T. López
ISBN: 978-84-15681-68-7
Ediciones Carena. 2013
Formato: 24x17 cm

Cuándo empezó todo

En verano. Estaba acabando el curso 2005-2006 y recuerdo haberle hablado a mi compañera Pilar sobre el argumento de una novela que acababa de empezar: una bailarina llegaba a un pueblo extremeño, estresada y harta de todo, donde de pronto encontraba una rara calma, en aquel lugar apartado de su mundo. Al mismo tiempo, su llegada sacudía la rutina de los habitantes del municipio -aún no sabía muy bien de qué modo-, y nada volvía a ser como antes. Empecé a escribir un primer borrador de la idea durante las vacaciones hasta que, ese mismo otoño, encontré el hilo conductor que buscaba para la trama: un montaje teatral. Durante el nuevo curso escolar tuve que redactar un trabajo para la asignatura de Crítica Literaria, que entonces cursaba en la Universidad Complutense, y que trataba sobre el drama de Tennessee Williams Un tranvía llamado Deseo .

La obra me gustaba especialmente por su aire decadente, sus guiños literarios y esa estupenda mezcla de realismo crudo e imaginación casi terrorífica que atormenta a Blanche Dubois. Entonces decidí que lo que iba a unir a los personajes de mi novela iba a ser, precisamente, el montaje de esta pieza teatral. Y como la intriga iba a ser de corte sentimental, al estilo de mis escritoras inglesas favoritas, busqué como acompañante de la protagonista a un profesor de instituto que tratara de contribuir a la difusión artística y literaria en la comarca, mediante la dirección de montajes municipales de teatro en las fiestas de su pueblo. Como yo también doy clase, la historia me resultaba familiar. Empecé a escribir distintas secuencias que después fui uniendo entre parones, muchas dudas y cambios en las subtramas, hasta que, seis años más tarde, di por finalizado el primer borrador completo de Los amables extraños.

Ilustración de la portada

Esta historia también comenzó en verano, durante el mes de agosto de 2004. Conocí a Goretti en la Universidad para Extranjeros de Perugia (Italia), donde estudiábamos lengua italiana. Compartíamos casera, que alquilaba nuestros apartamentos a un precio módico para estudiantes y, como ser compatriotas en un país extranjero une con una eficacia y un afecto sin precedentes, nos pasamos el mes de estancia yendo y viniendo de una ciudad italiana a otra, de un tren a otro que nos permitiera visitar la región, y de una calle de Perugia a otra.

Goretti es escenógrafa pero, además, es una estupenda acuarelista cuyo trabajo me enganchó desde el principio. Cuando, ya en España, me envió la invitación para su exposición Amor, Juegos y Penas, en Barcelona, me quedé impresionada: aquellos cuadros de fragmentos desnudos me parecieron tan tristes como evocadores; tanto, que me ofrecí a escribir unos cuentos a partir de esas imágenes modernas que tenían un algo de desolación. Cuando, por allá el 2013, le expliqué a Goretti que había acabado una novela y que iba a intentar publicarla, le pedí que la leyera y que pintara una acuarela para ella. Y así nació la portada de Los amables extraños, que la editorial Carena incluyó en su cubierta. En ella también es verano y hay una historia que empieza. Sólo hace falta abrir el libro y leer…

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